Literatura y cine del exilio chileno: recorrido por la memoria más dolorosa

 

Además de las violaciones a los derechos humanos y la crisis social que sobrevino con la dictadura comandada por Augusto Pinochet tras el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973, otra de las consecuencias funestas que trajo este periodo para Chile fue el fenómeno conocido como “apagón cultural”, en el cual se produjo un fuerte descenso de toda la producción artística en el país durante los años en que gobernó la Junta Militar, especialmente en la primera década. La causa principal de esta merma en la producción cultural se debe a la persecución a los artistas, muchos de los cuales eran abiertamente de izquierda y apoyaban al gobierno de Salvador Allende, razón por la que muchos de los autores e intérpretes debieron abandonar Chile.

En este contexto, en los nuevos países que acogieron a los exiliados, comenzó la producción de obras creadas en el exilio, muchas veces con apoyo económico de parte de los países que los acogieron, dada la conmoción y solidaridad internacional que despertó la brutalidad de la dictadura en el extranjero. En este artículo pretendo exponer brevemente algunas obras de la literatura y del cine del exilio. Cabe destacar que estas no son, necesariamente, producciones sobre el exilio, sino que fueron producidas en el exterior entre los años ‘70 y ‘80, mientras muchos de los artistas continuaban sin poder retornar a Chile. También pueden encontrarse producciones posteriores de autores que fueron exiliados, cuya temática versa sobre esta experiencia.

Literatura del Exilio:

Al momento de producirse el golpe de estado en Chile, en 1973, Latinoamérica atravesaba, en general, un periodo de gran dinamismo y creatividad cultural, reflejado especialmente en la literatura. El boom latinoamericano había puesto en la palestra a los autores del continente, los cuales, además, estaban fuertemente inspirados por los acontecimientos políticos que por ese entonces atravesaban las diversas naciones latinoamericanas. Muchos de los escritores tenían simpatías de izquierda, lo que les hizo blanco de persecuciones y provocó su correspondiente exilio; esto no solo ocurrió en Chile, sino que en los países vecinos, a medida que se desarrollaban las diversas dictaduras militares entre finales de los años ‘60 y principios de la década del ‘70.


 


Durante la primera etapa, las obras estaban marcadas por la nostalgia de la tierra abandonada forzosamente; esto motivaba que la literatura hablara del país que habían dejado atrás, a veces con alegorías, como en el caso de una de las obras más destacadas de este periodo: Casa de campo (1978) de José Donoso. Si bien el caso de Donoso es algo diferente al de otros autores de la época -ya vivía en el exterior, España, cuando ocurrió el golpe- esta novela es especial porque su enrevesada trama se lee como una alegoría de la dictadura. Las dinámicas de la aristocrática familia Ventura en la casa señorial en la que pasan el verano encierran claves sobre el poder y la naturaleza del ser humano cuando se ve sometido. Posteriormente otra novela de Donoso, El jardín de al lado (1981), publicada a su vuelta al país, se centró en la figura de un mediocre escritor exiliado, por lo que también es parte de la cohorte de obras sobre y desde el exilio.

Otra novela destacable de este periodo es No pasó nada (1980), de Antonio Skármeta. Militante activo de izquierda, exiliado en Alemania Occidental, Skármeta publicó esta historia sobre un adolescente, Lucho, de padres chilenos exiliados en Alemania. No pasó nada es un ejemplo de las obras en que la literatura del exilio ya comienza a dejar atrás el periodo nostálgico inicial y a narrar las dinámicas de los exiliados, sus conflictos y realidades. La obra más reputada de Skármeta, Ardiente paciencia (1985), también escrita en Alemania es, sin embargo, una mirada nostálgica al Chile pre dictadura centrada especialmente en el poeta Pablo Neruda y en la ayuda que le entrega a un joven cartero para conquistar a la chica de sus sueños.

Otra autora relevante del exilio es Isabel Allende, sobrina de Salvador Allende, y exiliada en Venezuela durante la dictadura. Ahí publicó La casa de los espíritus (1982), inicialmente concebida como una despedida para el abuelo moribundo del cual no podía despedirse. Esta novela sigue a una familia, los Trueba, durante tres generaciones, y con ellos se viven las transformaciones políticas del país, incluyendo la dictadura. Su segundo libro, De amor y de sombra (1984), es la historia del descubrimiento de las víctimas de los hornos de Lonquén. Ambas obras son denuncias de la compleja realidad que atravesaba Chile por ese entonces. 

Algunos autores hablarían del exilio con posterioridad, como Los conversos (2001) de Guadalupe Santa Cruz o Cobro revertido (1992) de José Leandro Urbina.

Cine del exilio: 

Aunque a menor escala que en la literatura, el cine latinoamericano durante los años ‘60 y ‘70 también experimentaba un aire de renovación permeado por los movimientos político-sociales de la época. En este contexto se desarrolla el Nuevo Cine Chileno, que en dicha época alcanzaba cierta exposición con una serie de autores jóvenes dedicados a hacer películas y documentales que, en general, sintonizaban ideológicamente con la izquierda, las reivindicaciones obreras y el sueño de un gobierno socialista. Uno de los más destacados de este grupo es Raúl Ruiz, autor de películas como la adaptación de Palomita Blanca, novela sobre dos adolescentes de clases sociales diferentes que no pudo ser estrenada hasta el retorno de la democracia; sin embargo, posteriormente se acogió más al cine experimental y no tan comprometido ideológicamente, como lo harían otros de sus congéneres como Miguel Littin o Patricio Guzmán. En Francia produjo Diálogos de exiliados (1975) que causó polémica por su mirada irónica a este grupo. Littin, por su parte, fue autor de una prolífica obra en el extranjero, y entre sus películas más destacadas se encuentra Acta general de Chile (1986) un documental que filmó clandestinamente en Chile. Otro famoso documental es el de Patricio Guzmán, La batalla de Chile, que fue filmado durante los años del gobierno de Allende, pero que debió ser acabado y estrenado por Guzmán desde el exilio. En Chile solo fue exhibido años después, en democracia. Apenas durante los días 10-11-12 de septiembre de 2021 fue transmitido por primera vez por televisión abierta. 


  





Quizás esta sea la mayor diferencia entre la literatura y el cine del exilio: este cine no es muy reconocido ni ha sido difundida de la forma que la literatura ha hecho. Parte de esto se debe a que las obras no están siempre en poder de sus autores, o subtituladas, o las copias no tienen la calidad técnica necesaria para su difusión masiva. Además, es aún menos difundida la obra de las cineastas mujeres, de menor renombre que sus pares hombres, pero de igual valor artístico, como Marilú Mallet y Angelina Vásquez, entre otras.

Sin duda, todavía falta un largo camino de investigación y compilación sobre obras del exilio, tanto de literatura como del cine. A pesar de eso, los esfuerzos que se están haciendo son importantes y están destinados a rescatar una memoria artística sin la cual el país no puede mirar su historia como corresponde.

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