Reseña Testimonio: Frazadas del Estadio Nacional (Jorge Montealegre)
´Podría decir "a mí no me pasó nada". Y lo
he dicho. Sin embargo, la doble negación que late en esa frase me obliga a
reconocer efectivamente que "no me pasó nada"; es decir, "algo
me pasó". Esta es una de las tantas reflexiones que Jorge Montealegre nos
comparte en su novela Frazadas del Estadio Nacional. Desde la intimidad
de un relato en primera persona el autor se esfuerza por reconstruir las
memorias de aquel joven de apenas 19 años detenido por ese convoy militar que
aquella mañana del 28 de septiembre de 1973 se estacionó frente a la puerta del
hogar que compartía con sus primos en la comuna de Las Condes. Los libros
altamente peligrosos encontrados durante el allanamiento y su carné de
militancia de la izquierda cristiana escondido en un antiguo diccionario fueron
razones suficientes para su detención, a pesar de que tal como recuerda
Montealegre ‘yo no era un pez gordo, importante ni peligroso Para ellos era
apenas un "cabro hueón" metido en cosas de grandes’. Trasladado hasta
la Escuela Militar y luego hacia al elefante blanco acompañado en todo momento
de un coro de insultos y golpes de fusil que lo ayudaron a comprender no sin
resignación y angustia que su estancia en aquel recinto al que lo dirigían no
sería breve. Una vez dentro de la injustificada prisión el humor con tintes
masoquistas, los actos de religiosidad y la camaradería velada junto a una
desteñida e hilachenta frazada, que posteriormente se volvería contra
Montealegre, son muestras de la intranquila cotidianeidad que atraviesa la
novela.
Entrelazadas con las memorias
del encierro al interior de los camarines y escotillas las vivencias actuales
se cuelan en el relato como en un remolino indisoluble entre pasado y presente,
un testimonio que ensaya
dentro de sí la crónica, la investigación periodística y la poesía otorgándole
una densidad literaria que supera la intimidad del relato para convertirse en
una suerte de memoria colectiva en torno al lugar histórico que representa el Estadio
Nacional. Autor, víctima y testigo han madurado durante 30 años la
potencialidad del testimonio como acto de reparación en una narración que
hermana padecimientos silenciados mientras transita el espacio liminal de las
potencialidades y fronteras que ofrece el lenguaje para aproximarse a la experiencia
del trauma. ´Las cicatrices más profundas son invisibles. Y son de heridas casi
privadas, de esas que prácticamente quedan al margen en los relatos´, es por
ello que reelaborar desde el campo de las artes las experiencias subjetivas
posibilita el tránsito hacia a una catarsis social gracias a las herramientas
propias de la literatura que permiten en parte subsanar y colectivizar la
vivencia del trauma que se resiste a ser contada.
Mantener vivo el recuerdo de un proceso histórico tal como fue el golpe de estado y la posterior dictadura supone un ejercicio colectivo que infunde sus raíces en todos y cada uno de los planos privados y sociales. De ello no queda exento el campo de la literatura que se esfuerza por rearticular la experiencia desde nuevas formas y estrategias de las cuales Montealegre desde la intimidad del relato y la sencillez de la narración logra dar cuenta en un testimonio que transita desde los horrores de la violencia policial matizados con la cotidianeidad enrarecida dentro del elefante blanco, hasta la íntima conversación entre quien lee y joven de apenas 19 años que abruptamente pasa de pensar si podría estudiar cine ese año a pensar cuando seria el día se su interrogatorio. El modo en que los recuerdos del pasado se articulan con el momento presente nos hace comprender que ‘hasta última hora los fantasmas entran a este libro. Ya no son de historias pasadas. Son de historias que están pasando’ por lo que es un deber cívico del país mantener en la memoria su propia historia.
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