Glosario: Concepto Relato de Filiación (Dominique Viart) y Postmemoria (Marianne Hirsch).

 Considerando la definición propuesta por Hirsch post memoria puede ser entendido como ‘la relación que establece la segunda generación con las experiencias poderosas, en su mayoría traumáticas, que precedieron sus nacimientos, pero que, sin embargo, les fueron transmitidas tan profundamente que parecen construir recuerdos por derecho propio’ (103). La generación de la post memoria o también llamada generación bisagra corresponde aquellos sujetos que se han convertido en custodios de una historia marcada por el dolor y la angustia, bajo su tutela han quedado estas historias esperando ser transmutadas en historia, relato y arte. Como parte de cualquier proceso de reelaboración de memoria surgen las tensiones propias de su funcionamiento ¿de qué manera se puede abordar ética y estéticamente la experiencia del trauma para hacer de ella un espacio de resistencia? ¿es válido posicionarlas un espacio de resistencia? ¿cómo se mantiene la vitalidad de la historia sin apropiarse de ella y sin que las propias tampoco sean desplazadas? Y es que el trauma y su relato parece exceder las metodologías tradicionales del rescate histórico es por ello que replantearse constantemente el modo de aproximarse a estas experiencias cargadas de indecibilidad y olvido es una necesidad para quien busque abordarlas y transmitirlas.

Situado en el espacio limite entre continuidad y ruptura la generación bisagra define su vinculo con el pasado como ‘una práctica de citación y mediación’ (106), su presente se escribe a través de secuelas que ha dejado la ‘estructura de transmisión inter y transgeneracional de conocimiento y experiencia traumáticas’ (105). Sin embargo, los productos culturales originados por la post memoria no se constituyen como fuentes de la historia tradicional y es que estos corresponden mas bien ‘al repertorio de conocimiento ausente del archivo histórico’ (105) descuidados por la tradición historiográfica puesto que se encuentran matizados por la proyección, la imaginación y el mito que rodea la experiencia real heredada, mezclados también con la propia historia corren el riesgo de anular la experiencia presente bajo los efectos poderosos de la historia pasada. Sin poder desprenderse de la historia y con ello la responsabilidad heredada la post memoria  se esfuerza por tomar los recuerdos dispersos y silenciosos para hacer de ellos un relato articulado, una historia de conmemoración y resistencia buscando reconectar el tejido intergeneracional, una memoria colectiva a modo de institucionalizar y otorgarle el lugar reivindicativo que la historia traumática merece.

Siendo la familia un lugar privilegiado de transmisión de la memoria encontramos el concepto de relato de filiación propuesto por Viart como una determinada forma y contenido desarrollado por la literatura contemporánea aproximadamente desde los años 80 en adelante en la que el interés de los autores se vuelca sobre la historia familiar ‘toma forma todo un conjunto de textos que no provienen de la novela, ni de la biografía, ni la autobiografía, pero que sin embargo esbozan un espacio entre ellas’ (20). Transversal a los paradigmas cronológicos, generacional y estético usualmente definidos para categorizar los movimiento este interés no se circunscribe únicamente en plano histórico cultural, sino más responde a un fenómeno extenso que se entiende como ‘el retorno de la literatura a la cuestión del sujeto luego de tres décadas de formalismo’ (21), un sujeto cargado discontinuidades y fragmentos de vida encuentra en los biografemas o la autoficcion herramientas para reconstruir y explorar la historia personal y es que desde el psicoanálisis freudiano la subjetividad paso a ser entendida como un espacio oscuro de traumas y conflictos y aparentemente capaz de aliviar y clarificar en parte la experiencia del retorno hacia sí la ficción y la historia familiar podrían dar luces sobre las bases de la identidad constituida a lo largo de los primeros años de vida, una suerte de psicogenealogia es la que anima estas narraciones que proponen al texto como una suerte de archivo que ‘parte del presente y va colectando poco a poco recuerdos, relatos recibidos, objetos que permitirían decodificar el pasado (8). El retorno hacia las historias familiares supone el despliegue de una ‘ética de la restitución’, si bien parte del interés se centra en reconstruir la historia esto se ve determinado también por la intención de ‘restablecer la existencia a quienes les fue despojada, conferirles una legitimidad perdida, recuperar una dignidad maltratada’ (11).


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