Glosario de conceptos clave: Testimonio
A
pesar de la pregonada caída del testimonio sobre todo en las primeras décadas
del siglo XX, el auge que ha experimentado el sujeto y su experiencia
individual sobre todo con posterioridad a las dictaduras
latinoamericanas no deja de constituir una indisoluble y conflictiva unidad.
Por una parte, mientras la veracidad de la narración se sustenta aparentemente
en la firmeza del pacto de lectura establecido entre lector y autor, el
testimonio arraigado originalmente en el tiempo pasado del recuerdo al momento
de narrativizarse
pareciera abandonar el cuerpo que le otorga unicidad experiencial y temporal,
evaporándose de esta manera la autenticidad que pretende impregnar en el
relato. Sin embargo, más allá de las críticas
teóricas respecto a la categoría del testimonio este parece albergar dentro de
sí no solo las múltiples verdades de la historia, sino también una
potencialidad reparadora, en palabras de Beatriz Sarlo ‘la narración de la experiencia
está unida al cuerpo y a la voz, a una presencia real del sujeto en la escena
del pasado. No hay testimonio sin experiencia, pero tampoco hay experiencia sin
narración: el lenguaje libera lo mudo de la experiencia’ (p.28). La experiencia
del testimonio surge desde las condiciones de violencia extrema a la que
algunos logran sobrevivir, testifican en lugar de aquellos que ya no pueden
porque sobre ellos operó por completo la lógica del exterminio. Quien relata lo fragmentario, ocupa a la vez el lugar de víctima y testigo frente a la
ausencia de un protagonista. En el esfuerzo por representar la experiencia
límite, aquella que se resiste al lenguaje y que en última instancia siempre
queda velada en ese espacio insalvable entre la palabra y la realidad,
transmite también una dimensión colectiva, un imperativo moral en el ejercicio
de restauración de las historias como instrumentos de verdad y sanación. En
cuanto un individuo es capaz de afirmar su identidad y experiencia en el relato
este se vuelve cognoscible y comunicable ante una colectividad capaz de
revivirla y re actualizarla en cada entrada al testimonio.
Para Jaime Peris Blanes en Historia
del testimonio chileno, los testimonios son “discursos especialmente
propicios para representar los efectos subjetivos de la violencia y preñar de
afectividad y emoción las imágenes del pasado.” (p.16). Por esto, cree que los
testimonios chilenos, en su carácter algo fragmentario y plagado de silencios,
omisiones y vacíos, son un reflejo de la subjetividad arrancada por las
torturas y abusos sufridos por las víctimas de la dictadura. Es tan
inexpresable lo sucedido, que la única manera de plasmarlo es, sencillamente,
no pudiendo expresarlo. A esto se le llama aporía del testimonio.
En muchos de estos casos, el cuerpo de las víctimas aparece
como una representación gráfica de lo que el testimonio de la subjetividad
fragmentada no puede expresar con palabras.
Al mismo tiempo, la característica peculiar del testimonio en Chile es que se centra principalmente en las víctimas de violaciones a los derechos humanos, por lo que los testimonios emergieron desde voces denunciantes, sobrevivientes, que podían hablar por la prensa o en demandas judiciales. Esto hizo que la retórica del testimonio fuera sobre la memoria, orientada a la reconciliación social y buscando que los hechos no fueran relegados al olvido. De este modo, el testimonio en Chile es también parte del proceso de reconciliación del país tras la dictadura, y una forma para las víctimas de hacer de su historia algo con significado, incluyendo el objetivo de mantener vivo el ideario político que la dictadura persiguió y trató de eliminar maltratando los cuerpos.
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